Escritura y luces, fundidas
Tan solo cinco días antes del famoso apagón, quedé semifinalista en un concurso de microrrelatos al que me presenté con motivo del Día del Libro (Diada de Sant Jordi, en Catalunya). Profecía o no, lo titulé “El interruptor”. Más abajo os lo comparto, a ver qué pensáis vosotr@s.
Hoy, al empezar a escribir estas líneas he abierto al azar el libro del que tenía previsto hablaros: “La trampa de la felicidad”, de Russ Harris. Igual ya lo conocéis…
Al leer el fragmento que ha salida en la página 150, he decidido cambiar mi plan. Y es que, ¡otra vez! ha aparecido ese dual aparato, el interruptor, y no he podido obviar la casualidad:
“Con el interruptor de la lucha apagado:
- Nuestras emociones son libres de ir y venir.
- No desperdiciamos tiempo y energía combatiéndolas o evitándolas.
- No generamos todo ese “malestar sucio”.
Con el interruptor de la lucha encendido:
- Nuestras emociones están bloqueadas.
- Malgastamos una enorme cantidad de tiempo y energía luchando contra ellas.
- Creamos mucho “malestar sucio” doloroso e inútil.”
¿Sincronicidades? ¿Causalidades? ¿También estáis iluminad@s y os pasan muy a menudo?
Yo no he investigado el tema a fondo, pero el Dr. Bernard Beitman, experto en el fascinante mundo de las coincidencias significativas parece que sí lo ha hecho. Su planteamiento sobre la interconexión entre todas las cosas me parece bastante serio. Tal vez porque, en medio de una crisis existencial globalizada, queriendo dar sentido a algo invisible que se manifiesta a través de curiosas serendipias, mi parte "pobre de mí, que no tengo ni puta idea de nada" halla algún tipo de consuelo.
Por cierto. Aún le estoy buscando un nombre chulo a ese "algo" en cursivas del párrafo anterior. Si se os ocurre alguno, no os cortéis y escribir.
Ahora sí. Aquí os dejo el microrrelato del "casi", un adverbio bien tenaz que, aun teniendo la fama de no ser suficiente ni llegar nunca a nada, nos aporta, incansable en su propósito, un esperanzador sentido cuando su dicha es buena:
*** El adverbio "casi" indica que algo está a punto de ocurrir o que algo no es totalmente, pero está muy cerca de serlo.
El interruptor
Su nacimiento fue un milagro, pues se produjo a pesar de un coitus interruptus. Quizás por ello, siempre tuvo clara la potencia de su misión de vida; oponer determinada resistencia para encender o apagar luces ajenas.
Aquel miércoles llovió. Amado llegó a casa calado y sin baterías y, en cuanto le puso la mano encima con su dedo acusador, saltaron las chispas, los fusibles y el diferenciador.
Él se quedó electrificado, bloqueado en medio de la tensión entre el cielo y la toma de tierra. Semiinconsciente, se enchufó a la medicación para aparentar normalidad y encargó un rectificador a medida de su reciente mediocridad. Pero el impacto de su nueva posición no pasó desapercibido y fue duramente criticado por las fuerzas corrientes de seguridad. Lo fundieron. Ya no era útil. Ni para el alto voltaje de los iluminados, ni para conmutar a las oscuras golondrinas.
Sin embargo, por alguna extraña razón, sintió que aquel era su lugar. Tal vez porque, instalado en su centro, ya nadie lo podría volver a manipular.
Un abrazo kon fundido y sin interrupciones,
Myriam K
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